"La otra pareja"
- Lizbeth Landin
- 2 ago 2021
- 2 min de lectura
Mi idea de la pareja es extraña. Puede ser interpretada de manera liberal y quizá hasta con ventaja. Es mi percepción que no puede ocultar la forma de ver las cosas; creo que para ser feliz, la primera práctica es ser honesto. Un hombre que tiene la intención de vivir en pareja no debe aparentar "lo que no es", eso significa hablar desde el corazón; que no se proteja de la mujer como si ésta fuera su enemiga y le hable con la verdad sobre todos los temas. Ese hombre puede comprender que la condición femenina es diferente, pues la condición masculina implica fortaleza, protege, brinda seguridad y apoyo a la pareja.
Es falsa la percepción masculina que generaliza a las mujeres como abusivas, débiles, manipuladoras, ventajosas, hipócritas y con doble moral. No todas las mujeres somos iguales; como tampoco los hombres lo son, aunque la mayoría sean infieles, misóginos, machistas y aprovechen su posición económica y sus relaciones sociales que asumen como superioridad masculina sobre el género femenino. La visión machista ha impedido que los hombres comprendan que la mujer produce en casa la organización de la familia, el ahorro económico, la disposición del tiempo, que posibilita la convivencia y que significa un trabajo y tiempo de energía desvalorizado; no se concibe como trabajo las acciones como lavar, planchar, limpiar, cocinar, hacer de chofer, enfermera, costurera, jardinera, nana, etc. Que jamás serán remuneradas y son señaladas ademas como de "posición privilegiada". Se ignora que dedicar, por ejemplo 20 años a la familia, es una inversión económica, de energía física, emocional y social.Los bienes económicos que se construyen en pareja, no son catalogados equitativamente y lo que corresponde a la mujer es invisible, porque predomina la idea machista de que solamente él trabaja que trabaja y su sueldo es la única inversión que goza la familia. En relación a la pareja, la convivencia cotidiana y en los afectos, no cabe la competencia, sino la solidaridad y el entendimiento de los distintos roles.Un hombre sin prejuicios sabe valorar la integridad femenina, que se expresa en el cuerpo, mente, deseos, proyectos y sueños.
La superioridad masculina y la supuesta debilidad femenina entorpece una relación sana y libremente compartida. La mujer por su parte, deberá auto valorarse para resistir y no fomentar los prejuicios machistas, empezando por quererse a sí misma y así evitar sentir la búsqueda obsesiva del reconocimiento de la pareja en grado extremo y luchar contra las humillaciones cotidianas.
Una relación equitativa entre hombre y mujer evita rivalidades y la visión de la pareja como enemiga. Esta es la condición para que hombres y mujeres integren la idea de que la inversión económica, afectiva, familiar y el intercambio físico, son la mejor forma de convivencia. Así se podrá asegurar que se convierta en realidad la frase que dice: "Lo que se siembra, se cosecha" Lizbeth Carrasco Landín




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